Cuando el Papa Emeritus y los murciélagos se citaron en la Sala Garaje
Crónica del tributo a Ghost y Avenged Sevenfold que convirtió la Sala Garaje, el 31 de enero, en una noche de rituales, metal y devoción oscura
Murcia tiene un encanto extraño. Es fácil meterse con ella, con su acento, con su calor o con sus eternas bromas, pero hay dos cosas que son indiscutibles: su gastronomía es bestial y los conciertos en la Sala Garaje nunca te hacen sentir fuera de lugar.
La noche del 31 de enero tocaba fantasmas y murciélagos, de la mano de ZENITH (tributo a Ghost) y DEATHBATS (tributo a Avenged Sevenfold). Segunda crónica reciente hablando de tributos… ¿locura?, ¿falta de novedades? Calma. Antes de que cierres la página para irte a leer Metal Hammer, déjanos explicarte por qué esto fue algo más que un simple tributo, qué lo hace diferente y por qué deberías verlos si pasan por tu ciudad (o son invocados). Spoiler: somos el único medio que te lo va a contar así.
La noche empieza como empiezan todas las noches de concierto: viaje, preparación y cero expectativas. Equipo cargado, canciones dando vueltas en la cabeza, bocata de pollo a la plancha con su quesito (porque la pájara no perdona) y una idea clara: dejarnos sorprender.
Ya en la sala, litro de cerveza en mano, público expectante y una sensación curiosa: muchísima gente joven. Chavales de entre 18 y 20 años, algunos con amigos, otros acompañados por sus padres, viviendo uno de sus primeros conciertos “cercanos a lo real”. Y sí, lo decimos sin complejos: bandas que suenan y se sienten muy cerca de las originales. El relevo generacional del metal —y los futuros pagadores de pensiones— estaba allí.
ZENITH abre la noche dejando las cosas claras desde el primer minuto. No han venido a jugar. Han venido a dar misa, a hacerte bailar y a que disfrutes. ¿Lo consiguen? Lo consiguen. Desde los primeros riffs, con Tobias Forte al frente (nombre adaptado por razones obvias), el público entra en el juego, corea letras y se deja llevar.
Los ghouls no son músicos de fondo: son parte esencial del espectáculo. Interactúan, se acercan, juegan con la gente y hacen que todo fluya con naturalidad. Aquí no hay distancia entre escenario y público.
ZENITH cuida el detalle como Ghost se merece. No solo en lo técnico —la voz está más que lograda—, sino en el vestuario, los cambios de atuendo y la teatralidad constante. Cada canción es una pequeña escena. El comportamiento entre ellos recuerda a un coral teatral griego, transmitiendo un mensaje claro:
ZENITH no es solo un tributo, es una composición musical y teatral pensada para ofrecer un show completo.
Compararlos con Ghost sería absurdo. Tobias y compañía juegan en grandes ligas, con producciones mastodónticas. Pero aquí está el mérito: ZENITH adapta sus recursos, exprime lo que tiene y lo convierte en valor. No pueden jugar con fuegos artificiales, así que juegan con actitud, entrega y cercanía. Y funciona.

Tras su concierto, charlamos con el Papa Emeritus Forte, conversación que podréis ver completa en nuestras redes y en la sección de RadioWeek TV. Como adelanto, nos contó que el proyecto nace del fanatismo y el cariño profundo hacia Ghost, de la necesidad de rendir tributo a una banda que ha marcado a sus miembros y a toda una generación. Llevar ese homenaje al directo, a través de la música y el espectáculo, es su manera de devolver todo lo que Ghost les ha dado como fans, compartiéndolo con un público que ha crecido, vibrado y evolucionado junto a ellos.
También hablamos con Ashley, la parte que no se ve, pero sin la cual nada funcionaría. Producción, organización y apoyo constante. Nos contó cómo, pese a venir de un entorno metalero “old school”, el interés por esta música fue creciendo poco a poco hasta convertirse en lo que hoy es ZENITH. El trabajo en la sombra también construye bandas, y aquí se nota.
Pero la noche solo estaba al 50%.
DEATHBATS fueron los encargados de cerrar y poner el broche final a una velada espectacular. Si ZENITH apostó por el show teatral, DEATHBATS apostó por la música pura. Para los que ya tenemos más años que un bosque, fue nostalgia. Para los más jóvenes, una razón más para seguir apoyando la música en directo.
Esto no fue un concierto tributo a Avenged Sevenfold. Fue ponerte los discos en casa, pero con pogos, sudor y gente cantando a tu lado. Fue BO2 en modo zombis, cervezas con colegas y esa sensación de tener 20 años otra vez… aunque tengas 37 y la espalda empiece a quejarse. Puedes ser un fracasado, sí, pero un fracasado feliz.
Todo suena milimétricamente controlado. Tan bien ejecutado que por momentos olvidas que estás en un directo. Solo los empujones, los coros a pleno pulmón y la camiseta de Nightmare del tipo de al lado te devuelven a la realidad.

El repertorio fue un acierto absoluto: Bat Country, So Far Away, Afterlife… y ese viaje mental tipo Ratatouille que te devuelve a la Xbox 360, a las maratones de nueve horas y a cuando lo único que dolía eran los ojos. Por eso funcionó. Y por eso emociona ver a tantos jóvenes conectando con bandas que marcaron a toda una generación.
Además, hubo espacio para algo importante: el apoyo explícito a las bandas locales desde el escenario. Respeto a quien hace esto por pasión, a quien entiende que el público viene porque no puede permitirse ver a la banda original, y a quien convierte el tributo en una puerta de entrada cultural para nuevas generaciones.
Tras un final que hizo temblar la sala —saltos, pogos y murciélagos invocados— charlamos con Gerard, también vocalista de Blaze Out, a quienes veremos próximamente en Leyendas del Rock (y ojalá algún día también allí con Deathbats).
Nos habló de lo complicado que es elegir setlist, de discos que se quedan fuera, de no convertir el concierto en una maratón de tres horas y de cómo, tras tocar la noche anterior en Málaga, decidieron variar el repertorio. Porque cuando vienes a ver Avenged, vienes a disfrutar, no a pasar lista.
También nos contó su formación desde pequeño, lejos del cliché tipo Whiplash. Aprender a detectar errores, trabajar la voz y adaptarse a cada situación hasta lograr un tono sorprendentemente cercano al de M. Shadows. En cuanto al nivel instrumental, tampoco van nada justos: los guitarras (y, en general, los componentes) llevan alrededor de 14 años tocando, y eso se nota en la seguridad, en el control y en cómo suena todo tan medido. Pueden parecer muchos o pocos, pero en años de hipopótamo no son tantos —lo hemos buscado, viven entre 40 y 50 años—; en años de persona, catorce años con un instrumento encima te colocan en un sitio muy serio.
¿Buen tributo o pérdida de tiempo como hacer un curso del paro?
Muy buenos tributos, si buscas equilibrio entre show y música. Si solo buscas una de las dos, te llevarás más de lo esperado. Si odias los tributos, no vayas. Pero si hay que apostar por algunos, ZENITH y DEATHBATS están entre los que merecen tu tiempo y tu dinero.
Su próxima parada será en Madrid, en la sala ReviLive.
Así que no tienes excusa.
Ve a misa.

