Mägo de Txus: cuando defender una marca acaba devorando un legado
Mägo de Oz vuelve a cargar contra antiguos miembros de la banda por utilizar su nombre en la promoción de sus nuevos proyectos. Puede que esta vez tengan parte de razón. El problema es que, cuando prácticamente cada capítulo del pasado termina convertido en comunicado, reproche o amenaza judicial, uno empieza a preguntarse qué se está defendiendo realmente: una marca o un legado.
Mägo de Txus —porque de Oz, a estas alturas, a veces parece quedar bastante menos— vuelve a la carga.
Y lo hace recurriendo a una vieja conocida: la amenaza de los tribunales contra antiguos compañeros de viaje.
La banda ha publicado un comunicado criticando la utilización del nombre y el logotipo de Mägo de Oz en carteles promocionales relacionados con Kabrönes y Javier Domínguez “Zeta”, antiguos miembros del grupo. Según Mägo, su nombre aparece con una relevancia desproporcionada frente al de los nuevos proyectos, hasta el punto de considerarlo un posible reclamo engañoso para el público.
El comunicado no se anda precisamente con delicadezas. Habla de proyectos que necesitan subirse a un tren ya construido, cuestiona su capacidad para llenar salas por sí mismos y termina deslizando la posibilidad de una visita al juzgado.
Porque si algo parece gustarle a Mägo de Oz últimamente casi tanto como una gira es un buen comunicado.
Y a Txus, al menos desde fuera, la polémica empieza a sentarle como esa cerveza helada de diez euros que nos cobran en algunos conciertos: sabes que probablemente no deberías, sabes que mañana te arrepentirás, pero ahí estás otra vez.
Esta vez hay una parte en la que tienen razón
Antes de sacar las antorchas, conviene reconocer algo.
El argumento de Mägo no es completamente absurdo.
Uno de los conciertos de Kabrönes en Ecuador se está promocionando directamente bajo el reclamo “Las Leyendas de Mägo de Oz”, situando la relación con la banda madre en el centro de la campaña.
Y aquí existe una línea bastante evidente.
Una cosa es anunciar:
“Kabrönes, formación integrada por antiguos miembros de Mägo de Oz”.
Eso es información.
Otra distinta sería conseguir que alguien observe un cartel durante tres segundos y llegue a creer que está comprando una entrada para ver a Mägo de Oz.
Eso sí sería problemático.
Una marca existe por algo. Si Mägo de Oz considera que determinados carteles generan confusión entre el público, tiene derecho a defenderla por los cauces correspondientes.
Hasta ahí, podemos estar de acuerdo.
El problema empieza después.
Porque una cosa es proteger tu nombre y otra convertir cada disputa alrededor del pasado de Mägo de Oz en un nuevo episodio de una separación matrimonial que lleva demasiados años celebrándose delante de los vecinos.
La ex tóxica del folk metal
La comparación es inevitable.
Txus empieza a recordarme a esa expareja que, años después de terminar la relación, sigue mirando tu Instagram para comprobar qué haces, con quién sales y si tu nueva pareja es más guapa.
No porque no pueda tener razón alguna vez.
Puede tenerla.
El problema es que parece imposible pasar página.
Que si José Andrëa.
Que si los antiguos miembros.
Que si Kabrönes.
Que si la película.
Que si el nombre.
Que si el legado.
Que si ahora otro cartel.
Siempre existe algún nuevo capítulo del pasado al que regresar.
Y quizá llegados a este punto sería mucho más interesante mirar hacia delante.
Porque Mägo de Oz no es precisamente una banda pequeña intentando sobrevivir. Tiene una historia gigantesca, canciones que forman parte de varias generaciones y un público latinoamericano extraordinariamente fiel.
Y aprovecho para aclararlo antes de que alguien saque conclusiones raras: esto no es ninguna crítica hacia Latinoamérica. Todo lo contrario. Allí existe una pasión enorme por el folk, el heavy español y particularmente por Mägo de Oz que merece su propio artículo —y llegará próximamente a RadioWeek—.
Pero precisamente por eso resulta todavía más extraño.
Con semejante legado detrás, ¿realmente necesita Mägo estar permanentemente pendiente de cómo utilizan sus antiguos miembros el nombre de la banda?
Quizá sería más productivo dedicar esa energía a hacer que la actual Mägo de Oz vuelva a enamorar a una parte del público español que alguna vez sintió la banda como algo suyo.
El problema de decir «ese tren lo construí yo»
Hay además una frase especialmente curiosa en el comunicado.
Mägo viene a decir que resulta más fácil subirse a un tren en marcha que construir las vías.
Bonita frase.
El pequeño problema es que algunos de los pasajeros a los que ahora se acusa de subirse al tren ayudaron bastante a construirlo.
José Andrëa no fue un cantante contratado ayer para montar un grupo tributo.
Frank y Carlitos no conocieron a Mägo de Oz viendo vídeos de YouTube.
Salva tampoco apareció cuando todo estaba hecho.
Formaron parte de etapas fundamentales de la banda.
Eso no significa que sean propietarios actuales de la marca Mägo de Oz.
Son cosas distintas.
Pero tampoco se puede reescribir la historia hasta convertirlos en unos señores que encontraron un tren aparcado y decidieron colarse sin billete.
Sin muchos de esos músicos, probablemente la historia de Mägo de Oz que hoy se intenta proteger habría sido muy diferente.
Y reconocerlo no le quita absolutamente nada a Txus.
El rock español está lleno de divorcios
Ni siquiera hace falta abandonar España para encontrar situaciones similares.
Sherpa y Hermes Calabria, antiguos miembros de la formación clásica de Barón Rojo, trabajan desde hace años bajo el nombre Los Barones, una denominación cuya relación con Barón Rojo resulta bastante evidente.
Y allí también existen décadas de desacuerdos, acusaciones y disputas alrededor de quién representa realmente el legado de la banda.
Porque esta discusión es más antigua que el chaleco de cuero.
¿A quién pertenece una banda?
¿A quien registra el nombre?
¿A quien compuso las canciones?
¿A quien las cantó?
¿A quienes estuvieron cuando se grabaron los discos que hicieron historia?
Legalmente puede existir una respuesta bastante clara.
Emocional e históricamente, no siempre.
Y esa diferencia parece ser precisamente lo que Mägo de Oz continúa sin resolver.
Y entonces llegó Fiesta Pagäna
Además, este comunicado no aparece en el vacío.
La relación de Mägo con su propio pasado lleva tiempo convirtiéndose en terreno conflictivo.
La película Fiesta Pagäna, inspirada en la historia de la banda, ya provocó comunicados, desacuerdos con la productora y anuncios de acciones legales. Mägo consideraba que determinados aspectos de su historia no estaban siendo tratados como ellos deseaban y acabó desvinculándose del proyecto.
Y volvemos al mismo punto.
Antiguos miembros.
Película.
Nombres.
Carteles.
Tribunales.
Pasado.
Siempre el pasado.
Quizá el mayor enemigo actual de Mägo de Oz no sean Kabrönes, Zeta ni una productora cinematográfica.
Quizá sea la incapacidad de dejar de discutir públicamente con su propia historia.
Si Mir pusiera «Yo estuve con el Unicornio»
Pongamos un ejemplo absurdo, que para algo esto es RadioWeek.
Imaginemos que mañana Mir decide montar un proyecto y comienza a promocionarlo colocando gigantesco en sus carteles:
“YO ESTUVE CON EL UNICORNIO DE RADIOWEEK”.
Y debajo, en tamaño siete:
“Mir en directo”.
Sí, probablemente pensaría:
Joder, Mir, igual tu nombre podría ocupar un poquito más.
Porque basar constantemente tu promoción en alguien distinto puede dar la sensación de que no confías demasiado en que tu propio nombre sea suficiente.
Puede parecer oportunista.
Incluso podría molestarme.
Pero otra cosa sería convocar una rueda de prensa para explicar a todo Internet lo terrible que es Mir, publicar un comunicado atacándola y terminar anunciando abogados.
Hay conflictos que pertenecen a los despachos.
Otros pertenecen a conversaciones privadas.
Y no todos necesitan convertirse en espectáculo.
Yo fui fan de Mägo de Oz
Y aquí está probablemente la razón verdadera por la que todo esto me molesta.
Mägo de Oz fue una de las bandas que me acompañó cuando empecé a descubrir el metal.
No escribo esto desde el odio hacia la banda.
Precisamente al contrario.
Canciones, discos, voces y melodías de aquella época forman parte de mi propia educación musical.
Por eso cuesta observar cómo, con el paso de los años, una parte de aquella imagen ha terminado enterrada debajo de cambios de formación, comunicados, enfrentamientos y guerras públicas.
No conozco personalmente a Txus.
No tengo ningún problema privado con él.
Esto es una opinión sobre su personaje público y sobre la manera en la que se está gestionando públicamente el legado de una banda que algún día admiré muchísimo.
Y desde esa posición puedo decirlo:
Txus ya no tiene mi respeto artístico de entonces.
No porque Kabrönes tenga automáticamente razón.
No porque sus antiguos compañeros sean santos.
Y tampoco porque Mägo no tenga derecho a proteger legalmente su marca.
Lo pierde, desde mi perspectiva, porque llevo demasiado tiempo viendo cómo una banda que significó muchísimo para muchos seguidores aparece asociada una y otra vez a guerras con personas que también ayudaron a construirla.
Sí, Txus, ya te hemos visto
Hay un capítulo de Los Simpson en el que Homer, desesperado por conseguir la atención de su madre, comienza a hacer el pino delante de ella.
Hasta que Mona termina diciéndole:
«Sí, Homer, ya te hemos visto».
Pues un poco eso.
Sí, Mägo.
Hemos visto el comunicado.
Sí, Txus.
Hemos entendido que la marca es vuestra.
Hemos entendido que no queréis determinados usos del nombre.
Hemos entendido que existen abogados.
Hemos entendido que Kabrönes vive inevitablemente de parte del legado de Mägo de Oz.
Y también hemos entendido que muchos de esos músicos formaron parte de la construcción de ese legado.
Las dos cosas pueden ser verdad al mismo tiempo.
Quizá haya llegado el momento de dejar que los abogados discutan sobre tipografías, tamaños de logotipos y marcas registradas mientras los músicos vuelven a ocuparse de lo realmente importante:
la música.
Porque llegará un momento en el que defender tanto el nombre de Mägo de Oz termine consiguiendo exactamente lo contrario.
Que cuando alguien lo escuche ya no piense primero en Finisterra, Gaia, La Leyenda de la Mancha o Jesús de Chamberí.
Que piense en el último comunicado.
Y eso sí sería una auténtica pena.
Sí, Txus. Ya te hemos visto.
¿Seguimos con nuestra vida?

