Sun & Thunder dice adiós tras dos ediciones: cuando el río suena, agua lleva
Sun & Thunder anuncia su final después de apenas dos ediciones en Marenostrum Fuengirola. El festival se despide reivindicando lo vivido y apuntando hacia el relato generado en redes sociales, pero dejando muy poco espacio para la autocrítica sobre los problemas que han acompañado al proyecto.
España es un país que tiene una rica cultura. Puede que algunos, al leer estas primeras líneas, ya estén empezando a echar humo imaginándose situaciones o actos culturales que poco tienen que ver con lo que vamos a tratar aquí. Porque no estoy hablando de nuestra cultura musical. Tampoco de nuestros artistas. Estoy hablando de algo todavía mejor: los refranes.
El refranero español es, al final, un reconocimiento a esa sabiduría popular y cultural que se ha ido transmitiendo generación tras generación. Cada provincia, cada ciudad e incluso cada pueblo tiene los suyos, pero existen otros que compartimos prácticamente todos.
Por ejemplo, ese viejo refrán que dice: «Cuando el río suena, agua lleva».
Sabemos perfectamente lo que significa. Cuando alrededor de un asunto existe demasiado ruido, movimiento o agitación, normalmente es porque algo está ocurriendo detrás.
Y quizá en el Sun & Thunder festival no hayan sido demasiado aficionados al refranero.
Porque durante meses han podido ver cómo el río empezaba a llevar cada vez más agua y, aun así, la sensación ha sido la de intentar levantar diques para contenerla o, directamente, mirar hacia otro lado esperando que el cauce terminase por secarse solo.
No lo hizo.
El 30 de agosto, después de celebrarse su segunda edición en Marenostrum Fuengirola, Sun & Thunder anunció su final.
Y aquí empieza la parte complicada.
Sun & Thunder se despide, pero la autocrítica se queda fuera
Seamos claros: el comunicado de despedida resulta, como mínimo, sorprendentemente complaciente consigo mismo.
Está muy bien agradecer al público, a los técnicos, trabajadores, proveedores, colaboradores, al Ayuntamiento de Fuengirola, a Marenostrum y a todos aquellos que han ayudado económica o materialmente a levantar el festival. Faltaría más.
Pero entre tanto agradecimiento cuesta encontrar algo igualmente necesario cuando un proyecto de estas dimensiones termina después de únicamente dos ediciones: autocrítica.
No existe apenas reconocimiento de los errores cometidos.
No se habla de una primera edición que, siendo generosos, funcionó a pedales en determinados aspectos. Tampoco se profundiza en qué llevó a plantear una segunda edición todavía más ambiciosa cuando el proyecto anterior aún parecía necesitar ajustes.
Y mucho menos se reflexiona sobre una ubicación complicada dentro del calendario festivalero español: finales de agosto, cuando buena parte del público ya viene de gastarse el presupuesto, las vacaciones y probablemente varios años de esperanza de vida entre festivales.
Porque Sun & Thunder quiso convertirse en la última gran parada metalera del verano.
El problema es que también corría el riesgo de convertirse en el festival de las migajas: intentar recoger a un público que llega después de Resurrection Fest, Rock Imperium, Leyendas del Rock, Barcelona Rock Fest y prácticamente todo el circuito europeo con la cartera pidiendo clemencia.
La caída de Twisted Sister dejó un agujero difícil de ignorar
La segunda edición de Sun & Thunder 2026 empezó prometiendo bastante.
El cartel inicial contaba con dos nombres especialmente fuertes en su zona alta: Twisted Sister y Avantasia.
La vuelta de Twisted Sister por su 50 aniversario era, sin duda, uno de los grandes reclamos del festival. Pero los problemas de salud de Dee Snider terminaron provocando su salida de la banda y la cancelación completa de la gira prevista para 2026.
Y aquí aparece uno de los puntos que más cuesta entender.
La cancelación se conoció a principios de febrero.
Sun & Thunder se celebraba a finales de agosto.
Estamos hablando de más de seis meses de margen.
Evidentemente, sustituir a Twisted Sister por otro cabeza de cartel internacional de características similares no es tan fácil como abrir Spotify, buscar «artistas relacionados» y llamar al primero que aparezca. Las grandes giras se cierran con muchos meses —incluso años— de antelación, las agendas están comprometidas y mover una banda internacional a última hora puede resultar logísticamente imposible.
Eso hay que entenderlo.
Pero entre conseguir otro Twisted Sister y no reaccionar con suficiente contundencia existe bastante terreno.
Se podrían haber incorporado más bandas nacionales. Dar entrada a grupos locales. Reforzar alguna jornada. Buscar un nombre español con suficiente tirón. Construir una solución que, sin sustituir realmente al cabeza de cartel perdido, transmitiera al comprador que se estaba intentando compensar una baja extraordinariamente importante.
Porque cuando pierdes uno de los principales argumentos utilizados para vender tu festival y tienes más de medio año por delante, no hacer que la reacción sea perceptible también manda un mensaje.
Una guerra en redes sociales que nunca ayudó al Sun & Thunder festival
A todo esto debemos añadir uno de los capítulos más innecesarios que han acompañado la corta vida del festival: la guerra pública alrededor de Sun & Thunder, Madness Live y el recuerdo de Rock The Coast.
La polémica venía prácticamente desde el nacimiento del evento.
Madness Live, responsable en 2019 de Rock The Coast en el mismo Marenostrum Fuengirola y vinculada posteriormente a Rock Imperium Festival, cargó públicamente contra Sun & Thunder acusando al nuevo proyecto de copiar parte de aquel concepto.
Y entonces comenzó ese maravilloso deporte nacional que consiste en discutir públicamente para decidir quién había llegado primero, quién copiaba a quién y quién tenía derecho a cargar con determinado legado sobre los hombros.
Para quienes seáis más frikis de los cómics o del UCM, imaginad que ahora Robert Downey Jr., después de convertirse en Doctor Doom, apareciera diciendo:
«Sí, sí, Doom, pero recordad que Iron Man sigo siendo yo, ¿eh? Iron Man uno y soy yo. Que no se os olvide».
Pues algo parecido.
Existe un momento en el que hay que saber soltar una etapa anterior y centrarse en construir una identidad nueva.
Y eso es aplicable a todos.
Porque mientras unos defendían el recuerdo de lo que habían hecho años atrás, otros entraban en una batalla que difícilmente podía beneficiar a la imagen de un festival que todavía estaba intentando demostrar quién era.
El público no necesita guerras de promotores.
Necesita buenos carteles, buena organización, precios razonables y motivos para comprar una entrada.
Todo lo demás es ruido.
Una hora entre bandas y un festival demasiado pequeño para tanto tiempo muerto
Luego está la experiencia del público.
Uno de los aspectos comentados durante Sun & Thunder 2026 fueron los largos tiempos entre actuaciones.
El festival apostaba por un único escenario, algo que tiene una ventaja evidente: elimina completamente los solapamientos y permite ver todas las bandas.
Sobre el papel suena fantástico.
El problema aparece cuando algunos cambios entre grupos rondan una hora.
Una hora.
Así, claro, también resulta más sencillo conseguir que una programación iniciada alrededor de las cuatro o cinco de la tarde termine pasada la medianoche cuando el número total de actuaciones tampoco es especialmente elevado.
Es el equivalente festivalero a aquel:
«Este muerto está muy vivo».
Pero con escenarios.
Y el problema no es únicamente esperar.
En un festival grande, puedes utilizar los tiempos muertos para acercarte a otro escenario, descubrir otro grupo o continuar viendo música. En un evento construido alrededor de un único escenario, una hora sin conciertos es simplemente eso: una hora sin conciertos.
Especialmente llamativo cuando algunas de las bandas pequeñas disponen después de actuaciones bastante más reducidas.
¿165 euros por lo que ofrecía Sun & Thunder 2026?
Y llegamos inevitablemente al precio.
Marenostrum Fuengirola anunciaba el abono para las tres jornadas desde 165 euros con gastos e IVA incluidos.
Aquí entramos en un terreno más subjetivo, porque cada persona decide cuánto vale para ella un cartel. Para alguien que quisiera ver Avantasia, Soen, Lordi, Eivør, Primal Fear, Destruction o Gaerea, probablemente existían suficientes argumentos.
Pero desde nuestra perspectiva, y especialmente después de perder a Twisted Sister, la relación entre el precio y el tamaño final del cartel quedaba bastante desequilibrada.
Y esto es especialmente importante porque uno de los grandes argumentos de Sun & Thunder tenía sentido.
Andalucía merece grandes festivales de metal.
Por supuesto que sí.
Para alguien de Málaga, Granada, Cádiz, Córdoba o cualquier otro punto del sur, disponer de un festival internacional importante relativamente cerca de casa significa poder disfrutar de tres días de música sin tener que cruzarse España, renunciar a media semana de vacaciones o gastarse lo equivalente al regalo de boda de un amigo entre alojamiento, gasolina, comida y desplazamientos.
Esa parte del proyecto era buena.
Muy buena.
Precisamente por eso resulta especialmente triste que termine aquí.
Pero defender que Andalucía necesita un festival así no significa que cualquier propuesta tenga automáticamente que funcionar. El público también exige que precio, cartel y experiencia estén razonablemente equilibrados.
Las redes sociales pueden distorsionar la realidad, pero no inventarlo todo
Y llegamos probablemente al párrafo más interesante del comunicado de despedida.
La organización señala que las redes sociales tienen «un enorme poder para distorsionar la realidad» y explica que una conversación repetida constantemente puede terminar construyendo una imagen aparentemente incuestionable desde fuera que no coincide con lo vivido dentro.
Y tienen parte de razón.
Las redes sociales amplifican absolutamente todo.
Una mala experiencia puede parecer generalizada cuando quizá únicamente afectó a veinte personas. Un vídeo vacío grabado al comienzo de una actuación puede hacer parecer desierto un recinto que veinte minutos después estaba lleno. Una queja repetida cien veces puede construir un relato mucho más grande que el problema original.
Eso ocurre.
Pero existe otra frase del refranero que también podríamos recuperar:
Ni tanto ni tan calvo.
Porque las redes pueden amplificar un problema.
Lo que no pueden hacer es inventar meses de dudas de la nada.
De hecho, apenas unos días antes de comenzar esta segunda edición, la propia organización tuvo que publicar un comunicado reconociendo que alrededor del festival se habían generado dudas durante las semanas anteriores y garantizando que Sun & Thunder 2026 se celebraría.
Cuatro días después arrancaba el festival.
Y nada más terminar, se anunciaba que no habría una tercera edición.
Por eso resulta difícil aceptar que todo pueda reducirse a una percepción distorsionada desde las redes sociales.
Quizá el río llevaba agua.
Sun & Thunder termina después de dos ediciones
Y no, no nos alegramos de que desaparezca otro festival.
Que muera un evento musical nunca es una buena noticia.
Pierden los trabajadores. Pierden las bandas. Pierde la ciudad que lo acoge. Pierden los establecimientos de la zona y, sobre todo, pierde el público otra oportunidad de disfrutar de música en directo.
Además, Andalucía pierde un festival de metal que aspiraba a convertirse en una cita estable dentro del calendario nacional.
Eso no tiene nada de positivo.
Lo que resulta molesto es que la despedida parezca pasar de puntillas sobre prácticamente todos los errores del proyecto y termine poniendo buena parte del foco sobre la percepción construida alrededor del festival.
Porque quizás el mejor legado que puede dejar un proyecto que no ha funcionado no sea convencer a los demás de que lo vivido era diferente a lo contado.
Quizá sea entender por qué no funcionó.
Sun & Thunder lo intentó.
Sun & Thunder consiguió celebrar dos ediciones.
Hubo conciertos, viajes, encuentros, trabajadores dejándose la piel y personas que seguramente guardarán recuerdos fantásticos de aquellos días frente al Mediterráneo.
Todo eso es verdad.
Pero también existieron errores.
Y reconocerlos no destruye lo conseguido.
Al contrario.
Puede conseguir que la próxima vez, si las mismas personas vuelven a levantar otro escenario, el proyecto sea mejor.
Porque si algo tiene de maravilloso el refranero español es que siempre tiene preparada una última frase.
De los errores se aprende.
Esperemos que así sea.

