Daeria y Headon en Murcia: el heavy metal nacional cambia de piel
El pasado 17 de octubre, Garaje Beat Club acogió una noche de heavy metal nacional con dos propuestas muy diferentes, pero unidas por una misma intención: demostrar que el género sigue evolucionando. Daeria nos recordó el placer de descubrir nuevas bandas, mientras que Headon presentó una faceta más oscura y madura de su sonido. Una velada que dejó grandes sensaciones, aunque también alguna que otra asignatura pendiente en el apartado técnico.
El heavy metal nacional no es un lago, es un océano
Anoche volvimos a disfrutar de nuestros buenos amigos de Headon y de unos, hasta cierto punto, desconocidos para quien escribe estas líneas: Daeria.
Y digo desconocidos porque, como suelo comentar en esas conversaciones interminables que tenemos entre conciertos, uno puede saber perfectamente que una banda existe y, aun así, no haber profundizado demasiado en su música.
Podría dejarlo en el típico «sé que existen» y quedarme tan ancho, pero sería injusto. La realidad es que la escena musical nacional no es un lago, es un auténtico océano. Un océano repleto de bandas que esperan ser descubiertas, propuestas que pueden sorprenderte y artistas capaces de demostrarte que salir de tu zona de confort, aunque implique cierto riesgo, también puede regalarte experiencias maravillosas.
Si hace poco nos sumergíamos en una fiesta de punk, funk y sonidos imposibles de encasillar durante el Katana Fest, esta vez tocaba regresar al heavy metal. Eso sí, a una vertiente que mira hacia el presente sin renunciar a sus raíces.
Y precisamente ahí estaba uno de los grandes atractivos de la noche: comprobar cómo dos bandas nacionales pueden interpretar la evolución del género desde perspectivas completamente diferentes.
Daeria: el maravilloso arte de descubrir una banda que ya conocías
Reconozco que he mentido un poquito al presentar a Daeria como unos completos desconocidos.
En su momento ya había cubierto alguno de sus lanzamientos. Lo típico: escuchas un single, te llama la atención, escribes sobre él y continúas con los otros cuarenta correos que tienes esperando en la bandeja de entrada.
Pero no profundizas. No sigues investigando.
Y entonces llega una noche como la de ayer y descubres que aquello que habías escuchado en el ordenador se transforma por completo cuando lo tienes delante.
Porque Daeria es una de esas bandas que ganan muchísimo cuando las descubres sobre un escenario.
Su propuesta no se limita a interpretar canciones. Existe una preocupación evidente por construir un espectáculo en el que la música, la estética y los elementos visuales forman parte de una misma experiencia.
Las pantallas LED acompañaban las composiciones con imágenes e historias que reforzaban el ambiente de cada tema. Pero lo verdaderamente interesante estaba en la variedad de sonidos que desplegaban.
Pasajes que evocaban sonoridades egipcias, momentos próximos al heavy metal más clásico, elementos modernos y pinceladas alternativas convivían dentro de un repertorio que se resistía a permanecer encerrado en una sola etiqueta.
Y aquí ocurrió algo que me encanta de los conciertos: terminar discutiendo amistosamente con otro asistente sobre qué estilo estábamos escuchando.
¿Esto es heavy? ¿Power metal? ¿Tiene algo de alternativo? ¿Y ese pasaje de dónde demonios ha salido?
Hasta que llega un momento en el que te haces una pregunta bastante más importante:
¿Y qué más da cómo lo llamemos si nos lo estamos pasando de maravilla?
Si Daeria fuera un animal, sería un gato. Porque con los perros siempre acaba apareciendo alguien dispuesto a discutir sobre las razas, pero un gato es un gato y, al final, termina conquistándote igualmente.
Pues eso. Daeria es Daeria.
Otro detalle que me llamó especialmente la atención fue su identidad visual. Las ilustraciones, el merchandising y las portadas de sus trabajos pueden sugerirte inicialmente una propuesta diferente a la que terminas encontrando en su música.
Y precisamente ahí reside parte de su encanto: en romper tus expectativas.
Pero el descubrimiento no terminó cuando se apagaron los focos.
Quienes seguís RadioWeek sabéis que una de las cosas que más disfruto es hablar con los músicos. Conocer a las personas que están detrás de las canciones, escuchar sus experiencias y descubrir cómo viven todo este mundo.
Y Daeria volvió a recordarme por qué me gusta tanto hacerlo.
Nos encontramos con gente cercana, humilde y apasionada por su trabajo. Músicos con kilómetros de carretera a sus espaldas que siguen transmitiendo esa ilusión de quienes disfrutan verdaderamente de lo que hacen.
Además, nos dejaron caer una pequeña posibilidad que nos hizo especial ilusión: les gustaría visitar Alicante durante 2027.
Todavía no hablamos de ninguna fecha confirmada, pero desde aquí ya dejamos caer que, si finalmente pisan la terreta, nosotros pensamos estar allí.
Y si todavía no los conocéis, hacedme caso: dadles una oportunidad.
Headon: cuando Sleep Token se encuentra con los cenobitas
La segunda parte de la noche no tardó demasiado en comenzar y llegaba el turno de Headon, una banda a la que hemos seguido de cerca y que atraviesa una transformación artística especialmente interesante.
Aunque, antes de hablar de música, necesito detenerme en algo.
Su nueva estética.
Porque entre las referencias visuales que pueden recordarnos a Sleep Token, el maquillaje oscuro y la indumentaria de sus integrantes, hay un detalle que me resulta imposible pasar por alto.
Sergio, su bajista, parece haberse escapado directamente del universo de Hellraiser.
Es como cuando tienes concierto de Headon a las diez de la noche, pero tortura por toda la eternidad a las once.
Bromas aparte, esta transformación visual dice mucho más de lo que parece.
Estamos acostumbrados a encontrarnos bandas que modifican su imagen para atraer nuevos públicos, seguir tendencias o dar un giro a su estrategia de marketing. Y aunque la imagen siempre tiene una dimensión promocional, en Headon da la impresión de que el cambio responde a una evolución musical mucho más profunda.
Su nueva estética no parece un disfraz. Parece una declaración de intenciones.
Headon quiere dejar claro que ha madurado.
Y lo interesante es que esa madurez no se aprecia únicamente en su vestuario o en las pinturas negras que ahora recorren su piel.
Se escucha.
Durante el concierto realizaron un recorrido por su discografía, combinando composiciones conocidas con el nuevo material. Sin embargo, lo verdaderamente llamativo fue comprobar cómo la selección de canciones parecía responder a una intención concreta.
No se trataba simplemente de tocar los temas habituales e introducir las novedades.
El repertorio reforzaba una identidad más seria, introspectiva y oscura, escogiendo composiciones que encajaban con la dirección artística que la formación está construyendo.
Y conviene aclarar algo: Headon no se ha levantado una mañana para anunciar que ahora atraviesa su fase de «papá emo».
La banda siempre ha demostrado personalidad dentro del heavy metal nacional, incorporando elementos alternativos y construyendo un sonido reconocible.
Lo que estamos presenciando ahora es una evolución de esa identidad.
Las nuevas composiciones parecen explorar ambientes más densos, estructuras con mayor desarrollo y recursos que se aproximan al metalcore y al metal progresivo, sin desprenderse completamente de la esencia melódica que caracteriza a la formación.
Aquí también conviene romper una asociación bastante habitual: que una música sea más oscura no significa necesariamente que sea gótica, triste o negativa.
En ocasiones, la oscuridad es simplemente una forma de explorar emociones y territorios musicales que antes permanecían ocultos.
Y esa fue, precisamente, la sensación que me transmitieron.
Headon no ha decidido abandonar su pasado. Ha encontrado una manera de utilizarlo como punto de partida para construir algo distinto.
Ese es, probablemente, el mayor acierto de esta nueva etapa: comprender que evolucionar no implica renegar de lo que fuiste.
Garaje Beat Club: cuando el sonido no está a la altura del espectáculo
Pero no todo iba a ser maravilloso.
Porque, aunque Garaje Beat Club es una sala con trayectoria y una programación importante dentro de la escena murciana, el sonido volvió a dejarme sensaciones encontradas.
Y es una lástima, porque hablamos de dos bandas cuya propuesta musical necesita una mezcla que permita apreciar todos sus matices.
Durante algunos momentos, la batería sobresalía demasiado, llegando a imponerse sobre unas voces que quedaban enterradas entre los instrumentos.
En otros pasajes eran las guitarras las que perdían definición dentro del conjunto, dificultando distinguir ciertos detalles de las composiciones.
No hablamos de guitarras que dejaran de sonar literalmente, sino de instrumentos que, por momentos, parecían desaparecer dentro de la mezcla.
Y cuando estás disfrutando de propuestas que conceden tanta importancia a los arreglos, las melodías y los cambios de intensidad, esos desequilibrios terminan pasando factura.
Esto no significa que el concierto fuera malo, ni mucho menos.
Significa que el trabajo de una banda sobre el escenario también necesita unas condiciones técnicas que permitan disfrutarlo plenamente.
Afortunadamente, tanto Daeria como Headon supieron compensar esos momentos gracias a su carisma, su experiencia y una puesta en escena capaz de mantener la atención del público.
Porque cuando tienes buenas canciones y músicos que saben defenderlas, incluso una mezcla mejorable resulta incapaz de arruinar completamente la experiencia.
Dos bandas, dos caminos y un mismo futuro para el metal nacional
Al terminar la noche, me quedé con una sensación bastante clara.
Había llegado a Murcia esperando disfrutar de una banda que conocía bien y de otra a la que apenas había prestado atención.
Y terminé encontrándome con dos propuestas que, desde perspectivas diferentes, demostraron que el heavy metal nacional todavía tiene muchísimo que ofrecer.
Daeria representa ese maravilloso descubrimiento que aparece cuando decides mirar más allá de tus escuchas habituales. Una formación capaz de combinar espectáculo, melodía y personalidad sin preocuparse demasiado por las etiquetas.
Headon, por su parte, demuestra que una banda puede crecer, explorar territorios nuevos y modificar su identidad artística sin perder aquello que la hizo especial.
Dos caminos diferentes que terminaron encontrándose sobre el mismo escenario.
Y, pese a los problemas de sonido, nos regalaron una velada de esas que merecen repetirse.
Porque de eso trata también la música en directo: de seguir encontrando razones para volver a una sala, incluso cuando crees que ya lo has escuchado todo.
Y atención, porque la aventura continúa al otro lado del Atlántico.
Daeria y Headon estarán de gira por México durante noviembre, llevando sus propuestas a diferentes escenarios del país.
Desde RadioWeek solamente podemos desearles toda la suerte del mundo.
Y, puestos a pedir, que Daeria cumpla esa pequeña promesa de dejarse caer por Alicante el próximo año.
Porque, si eso ocurre, el Unicornio de RadioWeek estará en primera fila, con las gafas bien puestas, la melena al viento y muchas ganas de volver a dar guerra. 🤘🦄

