Calva Louise y Noah Histeria en Rock City: una sorpresa, un bajo descomunal y hambre de directo
La sala Rock City de Almàssera (Valencia) recibió el 30 de octubre a Calva Louise y Noah Histeria en una noche de contrastes, descubrimientos y una intensidad que compensó la brevedad de ambas actuaciones. Una velada que terminó convirtiéndose en una de mis favoritas del año y que, además, me hizo mirar de otra manera a nuestros vecinos valencianos.
Valencia, para la gente de fuera, es la ciudad de las paellas, las naranjas, los tetes, Rita Barberá y el techno.
Pero para los que somos de Alicante, Valencia es simplemente Valencia. Está ahí.
No existe ese chiste cariñoso que tenemos con Murcia. Es diferente. Es como ese vecino del cuarto al que conoces porque te lo encuentras de vez en cuando en alguna junta de propietarios. Suele ir de chulo por la vida porque conduce un Audi de los 2000 que parece nuevo, pero sabes que, en el fondo, no es mal tipo.
Pues bien, anoche Valencia me demostró que es bastante más que eso. Y lo hizo sobre el escenario de la sala Rock City, gracias a una banda valenciana que llegaba para abrir el concierto de Calva Louise: Noah Histeria.
Noah Histeria: cuando no esperas nada y terminas descubriendo una barbaridad
Hay algo maravilloso en acudir a un concierto sin conocer absolutamente nada de una banda.
No llevas expectativas, no esperas sorpresas y tampoco tienes esa necesidad de comparar lo que estás viendo con lo que llevas semanas escuchando en Spotify.
En otras palabras: si no esperas nada, difícilmente podrán decepcionarte.
Y Noah Histeria no solo no me decepcionaron, sino que consiguieron sorprenderme muchísimo.
Eso sí, el comienzo tuvo su pequeño momento de incertidumbre.
Los primeros minutos estuvieron marcados por algunos problemas técnicos de sonido. Algún micrófono desconectado decidió que aquella noche no tenía demasiadas ganas de trabajar y se resistía a dejarse escuchar. Nada que un buen técnico no pudiera solucionar en unos instantes.
Superada la anécdota, comenzó el espectáculo.
Y menudo comienzo.
Todo arrancó con una atmósfera electrónica, de tintes synthwave, armoniosa y envolvente. Un sonido que te invitaba a pensar: «Bueno, esto no está nada mal».
Pero entonces apareció un bajo de seis cuerdas que parecía tener doce.
Y aquello cambió completamente las reglas del juego.
Un sonido tan contundente que prácticamente era capaz de lanzarte desde la primera fila hasta la última de la sala con un solo riff.
La próxima vez que alguien me diga que el bajo no se escucha lo suficiente en los conciertos, pienso presentarle a Noah Histeria.
Porque durante aquellos primeros compases parecía que toda la banda era un gigantesco instrumento de seis cuerdas.
Y ojo, que eso no es malo. Todo lo contrario.
Aquel bajo se combinaba con una guitarra que jugueteaba entre el metalcore y los sonidos alternativos, mientras la batería castigaba cada golpe con una contundencia que parecía sacudirte directamente el pecho.
Fue entonces cuando pensé:
«¡Esto va a ser una puta pasada!».
No habían transcurrido ni cinco minutos cuando ya estaba escribiéndole a mi compañero de Horns Up para decirle:
«¡Tienes que ponerlos en el radar ya mismo!».
Castañuelas, trompetas y un metal que no entiende de etiquetas
Noah Histeria no son exactamente lo que parecen.
Su propuesta es una fusión de sonidos oscuros, metal progresivo, pasajes alternativos y elementos cercanos al core. Una combinación que, sobre el papel, podría resultar bastante habitual dentro de la escena moderna.
Pero entonces llegaron las castañuelas.
Sí, señores.
¡Castañuelas!
¿Entendéis lo que estoy diciendo?
Era la primera vez que veía una combinación de estas características sobre un escenario y, sinceramente, estaba flipando.
Un instrumento que, a priori, puede parecer sencillo, pero que resulta más difícil de dominar que darle una pastilla a un gato, encajaba sorprendentemente bien dentro de aquella propuesta musical.
Y por si aquello no era suficiente, hubo momentos en los que el guitarrista dejó a un lado las seis cuerdas para convertirse en trompetista.
¿Metal progresivo, electrónica, castañuelas y trompeta?
Y funcionando.
Ahí está precisamente una de las virtudes de Noah Histeria: conseguir que elementos aparentemente alejados entre sí convivan dentro de un mismo discurso musical sin que el resultado parezca una colección de ideas pegadas con cinta adhesiva.
Estamos ante una banda valenciana que merece mucha más atención. Un proyecto con una formación renovada, músicos con ganas de comerse el mundo y nuevo material discográfico en camino.
Así que, desde RadioWeek, os recomiendo buscar a Noah Histeria en Spotify.
Podéis utilizarlos para entrenar, para desconectar del mundo o, directamente, para perderos en ese universo oscuro, denso y tremendamente elaborado que construyen con sus composiciones.
Eso sí, no esperéis conciertos eternos.
Su actuación en Rock City apenas alcanzó la media hora, mientras que Calva Louise dispusieron de aproximadamente una hora de escenario dentro de una gira que, al día siguiente, continuaba en Barcelona.
Y aunque inicialmente pudiera parecer poco tiempo, después de intercambiar unas palabras con algunos de los integrantes de Noah Histeria, comprendí mejor su planteamiento.
Ellos mismos reconocían que un concierto de más de 45 minutos podría resultar excesivo debido a la densidad de su propuesta musical.
Y tiene sentido.
No estamos hablando de canciones construidas únicamente para saltar y corear estribillos. Su música requiere atención, tiene numerosas capas y exige bastante tanto a quienes la interpretan como a quienes la escuchamos.
En cualquier caso, aquellos treinta minutos fueron suficientes para dejarme con ganas de volver a verlos.
Calva Louise: tres músicos, un escenario y un universo propio
No transcurrieron más de diez minutos de cambio de escenario antes de que comenzara la actuación de Calva Louise.
Y si Noah Histeria habían conseguido sorprenderme musicalmente, el trío llegó dispuesto a hacerlo también desde el apartado visual.
Últimamente me gusta fijarme mucho en los pequeños detalles que rodean los espectáculos.
Porque una buena puesta en escena no consiste necesariamente en llenar el escenario de luces, pantallas y elementos decorativos. Consiste en saber utilizar lo que tienes para transformar la experiencia.
Pongamos un ejemplo.
Un plato de espaguetis puede ser simplemente un plato de espaguetis.
(Joder, ahora mismo me comía uno con su buena carne picada).
Pero si colocas una vela sobre la mesa, sirves una copa de Coca-Cola con vino y tienes una compañía como la de Mir sentada frente a ti, una cena aparentemente sencilla puede convertirse en un auténtico banquete.
Pues Calva Louise hicieron exactamente eso.
Aprovecharon el escenario para construir algo más que un concierto.
Las pantallas acompañaban las canciones con imágenes de sus videoclips y mensajes que aparecían a modo de letras, reforzando el universo visual que la banda ha desarrollado alrededor de su música.
No era simplemente decoración.
Era una forma de conseguir que el público también entrara en las historias que estaba escuchando.
Jess Allanic: una voz capaz de pasar de la delicadeza a la rabia
Los tres integrantes de Calva Louise se comieron el escenario.
Y lo hicieron sin necesitar a nadie más.
En una Rock City que había colgado el cartel de entradas agotadas, cada canción parecía justificar el esfuerzo de quienes habíamos acudido hasta allí.
Jess Allanic fue, inevitablemente, uno de los grandes centros de atención.
Su interpretación vocal, sus acordes de guitarra y sus intervenciones al teclado construían una combinación fascinante.
Pasaba de un instrumento a otro con la naturalidad con la que un maestro japonés del sushi intercambia sus cuchillos para conseguir el corte perfecto.
(Joder, definitivamente tengo hambre).
Pero, más allá de esa capacidad para desenvolverse con distintos instrumentos, lo que verdaderamente me llamó la atención fue su voz.
Jess tiene una habilidad especial para cambiar de registro.
Puede comenzar una frase con una interpretación limpia, melódica y delicada y, prácticamente sin transición, introducir una voz gutural agresiva que transforma por completo la intensidad de la composición.
Y no estamos hablando de esos guturales profundos que parecen salir directamente de las entrañas del inframundo.
Los suyos transmiten algo diferente.
Furia. Rabia. Una agresividad que parece estar directamente conectada con la emoción de las canciones.
Ahora bien, también hubo momentos en los que esa intensidad vocal parecía resentirse.
Era perceptible cierta pérdida de fuerza en algunos pasajes más exigentes, como si la acumulación de actuaciones y el esfuerzo físico estuvieran empezando a pasar factura.
Y conviene decirlo, porque una crónica no consiste únicamente en aplaudir todo lo que sucede sobre el escenario.
Pero tampoco sería justo convertir esos momentos puntuales en el centro de la valoración.

¿Por qué?
Porque cuando el acompañamiento musical funciona, cuando los integrantes están completamente implicados y cuando consigues que tu público coree una canción tras otra, una pequeña bajada de intensidad no tiene por qué perjudicar el resultado global del concierto.
Y Calva Louise demostraron que saben sostener perfectamente ese equilibrio.
Una hora que se hizo demasiado corta
Lo curioso de aquella noche es que ambos conciertos compartieron una misma característica: se hicieron cortos.
Noah Histeria tuvieron aproximadamente media hora y Calva Louise alrededor de sesenta minutos.
Podría parecer poco, especialmente cuando has tenido que invertir varias horas en desplazarte hasta la sala.
Pero también existe una diferencia importante entre un concierto corto y uno que se hace corto.
Y este fue de los segundos.
Calva Louise encadenaron un tema tras otro, prácticamente sin conceder tiempo para recuperar el aliento, combinando sus lanzamientos más recientes con canciones que ya forman parte de su repertorio conocido.
El ritmo de la actuación apenas decayó.
La entrega de los tres músicos, la puesta en escena y la respuesta del público consiguieron que aquella hora transcurriera a una velocidad sorprendente.
Y cuando llegó el final, tuve una sensación bastante clara:
Había merecido la pena el viaje.
Por la actuación de Calva Louise, evidentemente, pero también por haber descubierto a Noah Histeria, una banda que no figuraba entre mis expectativas y que terminó convirtiéndose en una de las grandes sorpresas de la noche.
Porque esa es una de las cosas que más me gustan de la música en directo.
A veces compras una entrada para ver a una banda y terminas llevándote dos experiencias completamente diferentes.
Una que ya esperabas disfrutar.
Y otra que ni siquiera sabías que necesitabas descubrir.
Calva Louise y Noah Histeria consiguieron que aquella noche en Rock City se quedara entre mis conciertos favoritos de 2026.
No hicieron falta tres horas de espectáculo ni una producción gigantesca.
Bastaron dos bandas con personalidad, una sala entregada y muchas ganas de demostrar que la música alternativa sigue teniendo muchísimo que ofrecer.
Y, por cierto, puede que después de esto tenga que empezar a mirar a Valencia con otros ojos.
Aunque el vecino del Audi siga pareciéndome un poco chulo.
¿Y tú, RadioWeeker? ¿Has visto ya a Calva Louise en directo?
Si todavía no lo has hecho y pasan por tu ciudad, no dejes escapar la oportunidad.
Y si quieres revivir aquella noche, no te pierdas nuestra galería fotográfica del concierto en RadioWeek.
RadioWeek — La música en directo no solo se escucha. Se vive, se descubre y, a veces, consigue sorprenderte cuando menos lo esperas.


