Mamá Ladilla y Velocidad Absurda en Alicante: treinta años molestando y todavía nos parece poco
Crónica del concierto del 16 de octubre de 2026 en la Sala Marea Rock de Alicante.
Hay conciertos a los que vas para descubrir algo nuevo y otros a los que acudes porque necesitas reencontrarte con una pequeña parte de tu adolescencia. El pasado 16 de octubre, en la Sala Marea Rock de Alicante, nos tocó vivir un poco de ambas cosas.
Por un lado, los punkis de la terreta Velocidad Absurda, encargados de calentar el ambiente. Por otro, los incombustibles Mamá Ladilla, que regresaban a Alicante con nuevo material bajo el brazo, pero con ese humor ácido, negro y absolutamente absurdo que lleva más de tres décadas convirtiendo lo políticamente correcto en papel higiénico.
Y claro, cuando uno ha crecido escuchando a una banda como Mamá Ladilla, resulta complicado no sentir cierta emoción antes de volver a verla sobre un escenario.
Porque hay canciones que forman parte de nuestra educación sentimental. Aunque, en este caso, probablemente nuestros padres habrían preferido que nos educáramos leyendo la enciclopedia.
Velocidad Absurda: el punk alicantino pisa el acelerador
Los encargados de abrir la noche fueron Velocidad Absurda, una formación de San Vicente del Raspeig que venía dispuesta a demostrar que el punk alicantino sigue teniendo gasolina para rato.
Y sí, con semejante nombre resulta inevitable acordarse de Spaceballs, aquella maravillosa parodia de la ciencia ficción en la que la velocidad absurda era el siguiente paso después de la velocidad de la luz.
Aunque aquí no había naves espaciales ni cascos gigantes, sino guitarras, punk y muchas ganas de darle caña al personal.
Voy a ser completamente sincero: Velocidad Absurda no es una banda que termine de atraparme musicalmente.
Pero eso tiene más que ver con mis propios gustos que con la calidad de su propuesta. Hay determinados estilos dentro del punk que no terminan de conectar conmigo y sería bastante hipócrita fingir lo contrario simplemente porque estamos escribiendo una crónica.
Ahora bien, una cosa es que una banda no entre en tu lista de reproducción habitual y otra muy distinta es no reconocer lo que está sucediendo delante de tus narices.
Y lo que estaba sucediendo era que el público respondía.
Las gargantas comenzaron a calentarse, los cuerpos entraron en movimiento y aquella energía tan particular del punk empezó a circular por la sala. La banda puso de su parte actitud, entrega y ganas de conectar con los asistentes.
Y eso merece reconocimiento.
Porque una buena actuación no siempre tiene que convertirte en fan de una banda para demostrar que sus músicos saben defender lo que hacen.
Además, abrir para un grupo con la trayectoria de Mamá Ladilla supone una oportunidad importante, especialmente cuando hablamos de músicos de nuestra propia escena.
Velocidad Absurda supieron aprovecharla y ofrecieron un arranque que consiguió poner al público en situación.
Puede que no sea mi velocidad favorita, pero desde luego aquellos absurdos sabían perfectamente hacia dónde querían conducir su punk.
Mamá Ladilla: nuevo disco, las mismas ganas de tocar las narices
Con el público convenientemente calentado y las gargantas hidratadas gracias a esos delicados néctares de cebada que brotan de los fríos grifos de la Marea Rock, llegaba el momento que muchos llevábamos esperando.
Mamá Ladilla volvía a subirse al escenario alicantino.
La banda madrileña, liderada por Juan Abarca y completada por Sergio Legazpi al bajo y Abel del Fresno a la batería, llegaba presentando Molestar general, su nuevo trabajo publicado en 2026.
Un título que parece más una declaración de intenciones que el nombre de un disco.
Porque, después de más de treinta años de carrera, Mamá Ladilla continúan haciendo exactamente aquello que mejor saben hacer: utilizar la música para burlarse de prácticamente todo lo que se les pone por delante.
Y lo mejor es que siguen consiguiendo que nos riamos con ellos.
Pero hay algo que siempre me ha fascinado de esta banda y que volvió a cobrar sentido aquella noche: Mamá Ladilla no ofrece simplemente un concierto. Ofrece un monólogo musical.
El monólogo musical más gamberro del rock español
Si tuviera que encontrar una definición para explicar lo que significa asistir a un directo de Mamá Ladilla, probablemente sería esa: un monólogo musical.
Y no porque se dediquen a contar chistes entre canción y canción, sino porque su propio repertorio funciona como una sucesión de situaciones absurdas, provocaciones, juegos de palabras y auténticas barbaridades convertidas en canciones.
Hablamos de una banda capaz de imaginar al Papa en chándal, convertir la muerte de Chanquete en un himno y construir historias que parecen escritas después de una sobremesa demasiado larga y varias copas de más.
Desde luego, no estamos ante el típico grupo que reflexiona solemnemente sobre el amor, el sufrimiento existencial o la búsqueda metafísica del ser humano.
Aunque, pensándolo bien, quizá tenga más profundidad una buena barbaridad de Juan Abarca que algunas canciones que pretenden explicarnos el sentido de la vida.
Y ahí está precisamente la gracia.
Mamá Ladilla domina un tipo de humor que parece sencillo hasta que intentas hacerlo tú.
Porque escribir una estupidez es fácil. Conseguir que esa estupidez tenga ritmo, sentido, una estructura musical elaborada y siga haciendo gracia treinta años después ya es otra historia.
Detrás de esas letras deliberadamente disparatadas hay músicos que saben perfectamente lo que están haciendo.
Y sería un error quedarse únicamente con las bromas, porque la banda lleva décadas demostrando que el humor y la calidad instrumental no tienen por qué estar reñidos.
La nostalgia también puede tener muy mala leche
Personalmente, una de las cosas que más disfruté de aquella noche fue volver a encontrarme con una banda que forma parte de mis recuerdos.
Escuchar a Mamá Ladilla durante la adolescencia tenía algo de pequeña rebeldía. Era descubrir que se podía hacer música sin tomarse todo tan en serio, que el humor más negro tenía sitio entre guitarras eléctricas y que no hacía falta pedir permiso para reírse de lo absurdo.
Años después, uno vuelve a ponerse delante de ellos y descubre que algunas cosas han cambiado.
Nosotros somos más mayores, seguramente tenemos más preocupaciones y quizá las rodillas ya no responden como antes.
Pero ellos siguen ahí.
Con nuevas canciones, el mismo descaro y esa capacidad para convertir lo grotesco en algo sorprendentemente entrañable.
Molestar general demuestra que Mamá Ladilla todavía tienen cosas que decir. O, como mínimo, bastante gente a la que seguir molestando.
Y que así sea.
Una noche para recordar por qué nos gusta tanto el directo
La noche del 16 de octubre dejó dos propuestas diferentes, unidas por el punk, el humor y las ganas de pasarlo bien sobre un escenario.
Velocidad Absurda defendieron el sonido de la terreta con una actuación que conectó con su público, mientras que Mamá Ladilla volvieron a recordarnos por qué siguen siendo una referencia tan particular dentro del rock español.
No todas las bandas tienen que gustarnos por igual. Y tampoco todos los conciertos tienen que convertirse en experiencias trascendentales que nos cambien la vida.
A veces basta con reunirse en una sala, disfrutar de unas buenas guitarras, echarse unas risas y olvidarse durante un rato de todo lo que sucede fuera.
Mamá Ladilla llevan más de treinta años molestando y, sinceramente, espero que todavía les queden muchos años más de tocar las narices.
Porque en un mundo donde cada vez parece más complicado tomarse las cosas con humor, quizá lo verdaderamente absurdo sería que dejaran de hacerlo.
Y desde RadioWeek solo podemos añadir una cosa:
Que siga la música, que siga la cerveza y que no nos falten nunca unos buenos ladillas tocando los cojones. 🤘

