Crónica del primer día del Leyendas del Rock 2026: el festival cambia de piel
El XX aniversario comenzó entre novedades, calor, pogos prematuros y la guitarra de Zakk Wylde, mientras algunos cambios dejaron la sensación de estar entrando en un Leyendas diferente
El primer día del Leyendas del Rock comienza casi siempre de la misma manera: expectativas por las nubes, ganas de conciertos, reencuentros, camisetas negras y un calor capaz de cocer un huevo sobre el capó del coche.
Sin embargo, este año existe una sensación diferente.
El festival celebra su XX aniversario y, aunque lo raro no tiene por qué ser necesariamente malo, resulta inevitable sentirse ligeramente descolocado. Muchos de los cambios que durante los últimos años fueron apareciendo poco a poco ahora se muestran de forma mucho más evidente. No hemos despertado dentro de otro festival, pero sí parece que el Leyendas del Rock está cambiando de piel.
Y cuando llevas tantos años regresando al mismo lugar, hasta el movimiento de un escenario o la ausencia de un cartel pueden decirte más de lo que parece.
La primera señal de que algo está cambiando
Durante años, llegar a Villena significaba encontrarse con un gran cartel dando la bienvenida al Leyendas del Rock. Era uno de esos pequeños rituales que no condicionan la experiencia, pero que ayudan a construirla.
Este año lo hemos echado en falta.
No supone una pérdida irreparable ni un drama digno de una balada de power metal, pero sí funciona como un pequeño indicador: ya no estamos entrando exactamente en el mismo Leyendas que conocíamos.
Después llegó el siguiente ritual del festival: aparcar.
La Odisea de Christopher Nolan se queda en un trabajo de primero de Comunicación Audiovisual al lado de la verdadera epopeya que supone encontrar sitio en los descampados de Villena. Para nuestra sorpresa, este año resultó algo más sencillo. No porque faltara público —había gente a patadas—, sino porque la zona parecía disponer de más espacio y una distribución algo más agradecida.
Una pequeña victoria antes de comenzar a derretirnos.
El New Rock Stage se muda junto al merchandising
Uno de los cambios más interesantes ha sido la nueva ubicación del escenario pequeño, ahora situado junto a los puestos de merchandising.
La decisión resulta práctica: permite tener tiendas, camisetas, comida y música concentradas en una misma zona. Puedes descubrir una banda, comprar una camiseta que probablemente no necesitabas o simplemente hacer tiempo antes del siguiente concierto sin atravesar medio recinto.
Los escenarios principales también estrenaron identidad. Los antiguos nombres dejaron paso a los escenarios Dave Mustaine y Doro Pesch, manteniendo unas dimensiones similares, pero ofreciendo una imagen renovada para la edición del aniversario.
Pero dejémonos de aparcamientos, escenarios y urbanismo metalero.
Has venido a hablar de conciertos, RadioWeeker.
Tailgunner: heavy metal clásico sin necesidad de sacar a nadie de la residencia
Tailgunner era una de esas bandas que, para nosotros, llegaba como una desconocida. Para nuestros amigos de Horns Up, en cambio, su trabajo Midnight Blitz está entre los grandes discos de heavy metal de 2026.
Y podemos entender perfectamente el entusiasmo.
La formación británica representa una nueva generación capaz de recoger el legado de la NWOBHM sin limitarse a disfrazarse de 1983. Su debut, Guns for Hire, apareció en 2023, mientras que Midnight Blitz, publicado en febrero de 2026, ha confirmado que estamos ante algo más que un ejercicio de nostalgia.
Tailgunner ofrece heavy metal clásico, directo y reconocible, pero interpretado por una banda reciente. Una combinación perfecta para los metalpacos del recinto: reciben su dosis de tradición sin que nadie haya tenido que sacar a los músicos de una residencia.
Bromas aparte, fueron un gran comienzo de jornada y un ejemplo de que el futuro del heavy metal también puede construirse mirando hacia sus raíces.
Thundermother: electricidad sueca bajo el sol de Villena
La tarde continuó con las suecas Thundermother, una banda cuyo nombre parece elegido específicamente para explicar lo que sucede sobre el escenario.
Pura electricidad femenina a golpe de hard rock.
Durante su hora de actuación apenas hubo espacio para respirar. Tema tras tema, riff tras riff, la banda construyó un espectáculo intenso, veloz y tremendamente físico. La guitarra de Filippa Nässil y la presencia de Linnéa Vikström Egg convirtieron el escenario en una descarga continua, demostrando por qué Thundermother se define a sí misma no como una banda que toca rock and roll, sino como rock and roll en estado puro.
La actuación se hizo corta porque nunca perdió velocidad. Cada acorde parecía arrancar otro motor y el público respondió con una entrega absoluta.
Thundermother exprimió cada minuto disponible y dejó a Villena buscando una toalla con la que secarse el sudor. Aunque, siendo sinceros, parte era culpa de la banda y parte del sol intentando asesinarnos.
Orbit Culture inaugura la temporada de grandes pogos
El primer día del Leyendas cargó buena parte de su peso extremo sobre el death metal y el deathcore. Orbit Culture fue la banda encargada de abrir oficialmente la temporada de pogos grandes, prematuros y ligeramente suicidas.
A las siete de la tarde.
Con todo el sol.
Porque el público del Leyendas conoce el concepto de supervivencia, pero decide ignorarlo voluntariamente.
Los suecos combinan death metal melódico, groove metal y una producción moderna, levantando una masa sonora pesada, oscura y casi cinematográfica.
No sabemos si sus canciones hablaban del frío de Suecia, de la oscuridad interior o simplemente era su peculiar manera de dar las gracias, pero el culto a la órbita —sí, el chiste es fácil y malo— demostró contar con una comunidad de adeptos dispuestos a acompañarlos hasta el final.
Orbit Culture no solo encontró público en Villena: confirmó que ya lo tenía esperando.
Black Label Society: la guitarra habla por Zakk Wylde
Llegó entonces el plato fuerte de la jornada: Black Label Society.
Existía una enorme expectación alrededor de Zakk Wylde, una leyenda viva de la guitarra y uno de los músicos más estrechamente vinculados a la historia de Ozzy Osbourne. El público veterano, aquel que creció durante su adolescencia —o durante esa adolescencia avanzada que algunos llevan prolongando varias décadas—, esperaba este momento con auténtica devoción.
Antes incluso de comenzar el concierto, Wylde apareció varias veces frente al público para realizar algunas grabaciones, probablemente destinadas a redes sociales.
No sabemos cuánto había de estrategia de marketing y cuánto de personalidad, pero preferimos pensar que forma parte de su encanto. Porque esos gestos, aunque parezcan pequeños, dicen mucho de una estrella: transmiten cercanía y reconocen la importancia del público antes de que suene la primera nota.
Zakk Wylde es un hombre de pocas palabras sobre el escenario. No dedica demasiado tiempo a discursos, charlas ni monólogos. Tampoco los necesita.
Cuando sostiene una guitarra comienza su verdadero idioma.
Black Label Society encadenó riffs, solos e improvisaciones mientras Wylde recorría una y otra vez la tarima central. Quien espere encontrar a un frontman corriendo de un extremo al otro puede sentirse decepcionado. Quien quiera contemplar a un guitarrista convirtiendo cada solo en una demostración de fuerza, técnica y personalidad encontrará exactamente lo que ha venido a buscar.
La banda llegó, además, con Engines of Demolition, su nuevo álbum publicado en marzo de 2026, un trabajo atravesado por la pérdida, la amistad y la memoria de Ozzy.
No fue un concierto construido alrededor de grandes discursos. Fue un concierto construido alrededor de una guitarra capaz de decirlo todo.
Savatage y el incómodo recurso de la inteligencia artificial
Savatage era uno de los nombres históricos de la jornada y uno de los conciertos más esperados de todo el aniversario.
Precisamente por eso, nos resultó especialmente decepcionante comprobar que una banda con semejante trayectoria recurriera a vídeos realizados con inteligencia artificial para acompañar parte de su espectáculo.
No hablamos de rechazar cualquier nueva tecnología por principio. La inteligencia artificial puede ser una herramienta creativa válida cuando existe detrás una dirección artística, una intención y un trabajo real.
El problema aparece cuando el resultado parece funcionar como un sustituto barato de la creatividad.
Una banda de la dimensión de Savatage posee historia, recursos, canciones y una identidad visual suficientemente poderosa como para construir algo más personal. En un espectáculo de este nivel, proyectar imágenes generadas con inteligencia artificial no aporta grandeza: transmite una preocupante sensación de dejadez.
Hay ocasiones en las que el público quiere celebrar su pasado con una banda. Pero celebrarlo no debería significar conformarse con cualquier cosa.
Slaughter to Prevail: un oso ruso repitiendo el mismo susto
Slaughter to Prevail llegó como cabeza de cartel y como una de las propuestas más extremas de toda la edición.
Alex Terrible es un animal escénico.
Su voz puede transformarse en oso, demonio, zombi y criatura que probablemente vive debajo de la cama. También posee registros melódicos, una presencia física imponente y capacidad suficiente para gobernar un escenario rodeado de fuego.
El espectáculo visual fue enorme. Las llamaradas iluminaron el recinto, los pogos alcanzaron dimensiones descomunales y la banda golpeó con una contundencia difícil de discutir.
El problema fue otro.
Slaughter to Prevail dispuso de 80 minutos de actuación, pero la sensación terminó acercándose peligrosamente a las dos horas.
Cuando escuchas las primeras canciones, esperas que el concierto termine de arrancar. Después descubres que ese era ya el concierto.
La propuesta depende demasiado del impacto vocal de Alex Terrible y de una estructura musical que, durante un espectáculo largo, empieza a mostrar poca variedad. El primer rugido impresiona. El segundo vuelve a sacudirte. El cuarto continúa siendo brutal. Cuando llevas una hora, el efecto comienza a parecerse al de una película de terror que repite el mismo susto hasta que deja de sorprender.
Como espectáculo de 45 minutos, Slaughter to Prevail podría ser demoledor. Incluso una hora funcionaría perfectamente. Pero sostener durante 80 minutos una fórmula tan centrada en la brutalidad vocal exige un público especialmente preparado.
Para disfrutarlo entero sin pestañear necesitas el cuello blindado, el oído entrenado y, probablemente, alguna criatura conservada en formol sobre una estantería.
¿Fue espectacular? Sí.
¿Fue bestial? También.
¿Fue variado? Ahí está el verdadero problema.
Sepultura y Salduie: dos formas diferentes de cerrar la madrugada
Sepultura apareció durante su gira de despedida Celebrating Life Through Death, con la que la banda brasileña pone fin a más de cuatro décadas de trayectoria. Su actuación en Villena estaba anunciada como su último concierto en España.
Solo ese contexto convertía el concierto en un acontecimiento histórico.
Sin embargo, llegados a ese punto de la madrugada, la acumulación de horas, calor y conciertos comenzaba a pesar. Sepultura ofreció la contundencia esperada, aunque para nosotros la principal emoción residía precisamente en contemplar a una banda fundamental recorriendo por última vez los escenarios españoles.
Salduie fue la encargada de cerrar los escenarios principales con su folk metal y un espectáculo preparado especialmente para el aniversario.
La banda cuenta con un público fiel y entregado, pero en nuestro caso pesa una circunstancia inevitable: hemos disfrutado de Salduie tantas veces que la sorpresa comienza a desaparecer. No significa que el espectáculo sea malo ni que la banda haya perdido entrega. Simplemente, llega un momento en el que la familiaridad reduce la capacidad de impacto.
A veces el problema no está sobre el escenario, sino en haber estado demasiadas veces delante de él.
Deathbats: Avenged Sevenfold dentro de una botella de Coca-Cola
Como punto extra, volvimos a disfrutar de Deathbats.
La banda tributo a Avenged Sevenfold continúa demostrando una enorme entrega y una forma de actuar completamente fiel al espíritu del grupo estadounidense. Son puro Avenged: actitud, sonido, interpretación y respeto por el material original.
El problema volvió a ser la acústica del recinto.
El sonido del escenario pequeño parecía metido dentro de una botella de Coca-Cola recién agitada. Las condiciones perjudicaron la claridad de la actuación, pero no fueron responsabilidad de la banda.
Incluso luchando contra esa acústica, Deathbats volvió a ser una de esas propuestas que queremos destacar desde RadioWeek.
Vasos reutilizables, basura reutilizada
Terminamos con un problema que se repite cada año: la basura.
La utilización de vasos serigrafiados y reutilizables es una buena medida. Permite rellenarlos y reduce la cantidad de plástico desperdiciado durante el festival.
Pero no es suficiente.
La falta de papeleras, bolsas o puntos de recogida mejor distribuidos provoca que algunas zonas terminen convertidas en un campo de batalla cubierto de vasos, servilletas y restos de comida.
Aquí existe una responsabilidad compartida.
La organización debe facilitar que el público pueda tirar sus residuos sin recorrer medio recinto. Pero también necesitamos algo de civismo. Ser metalero no obliga a comportarse como si hubiéramos saqueado una aldea después de un concierto de Amon Amarth.
Podemos entrar como animales al pogo y seguir siendo personas cuando termina la canción.
Un primer día extraño, intenso y revelador
El primer día del Leyendas del Rock 2026 dejó grandes conciertos, algunas decepciones y una sensación especialmente clara: el festival está cambiando.
La nueva ubicación del New Rock Stage funciona. El aparcamiento pareció más accesible. Los escenarios principales presentan una imagen renovada y el recinto intenta adaptarse a un evento cada vez más grande.
Sin embargo, también desaparecen pequeños elementos que durante años formaron parte de su identidad. Ninguno de esos cambios resulta dramático por separado, pero juntos construyen la impresión de estar entrando en una nueva etapa.
Tailgunner reivindicó el futuro del heavy metal clásico. Thundermother convirtió el escenario en una central eléctrica. Orbit Culture inauguró los grandes pogos. Zakk Wylde permitió que su guitarra hablara por él. Savatage dejó un regusto amargo con sus visuales generados mediante inteligencia artificial y Slaughter to Prevail confirmó que la brutalidad, cuando no evoluciona, también puede terminar agotando.
Así terminó la primera jornada.
Con calor, guitarras, basura, fuego, algún cuello dolorido y la certeza de que este Leyendas ya no es exactamente el mismo.
Hoy regresamos a Villena para comprobar qué nos espera durante el segundo día.
Nos vemos dentro, RadioWeekers.

