Leyendas del Rock 2026 – Día 3: The Baboon Show roba el show mientras In Flames incendia Villena
Nota editorial: por motivos personales, RadioWeek no pudo realizar cobertura presencial de la tercera jornada del Leyendas del Rock. Esta crónica ha sido reconstruida a partir de horarios oficiales, material audiovisual, repertorios y distintas coberturas publicadas del viernes 7 de agosto.
El Leyendas del Rock 2026 afrontaba su día 3 con nombres como In Flames, Stratovarius, Saratoga, Saurom o Chez Kane, pero el viernes 7 de agosto terminó dejando una protagonista inesperada: The Baboon Show, una banda capaz de convertir cualquier festival en su propio espectáculo.
Hay un momento inevitable en cualquier festival de cuatro días.
El tercer día.
Ese instante en el que las piernas ya han presentado formalmente su carta de dimisión, la espalda ha comenzado las negociaciones con un sindicato y cualquier superficie mínimamente horizontal empieza a parecer una cama Hästens de 20.000 euros.
Y precisamente entonces el Leyendas del Rock decidió colocar sobre la mesa una de sus jornadas musicalmente más variadas.
El viernes 7 de agosto mezcló hard rock, metalcore, heavy metal, power metal, punk rock, death metal melódico, folk y metal industrial con un cartel donde convivieron Chez Kane, Future Palace, The Baboon Show, Saratoga, Stratovarius, In Flames, Saurom, Dark Moor y varias propuestas del escenario New Rock.
Parecía que el día tenía un propietario evidente.
In Flames.
Pero alguien se olvidó de avisar a The Baboon Show.
Chez Kane: los ochenta llaman, quieren recuperar sus cardados
La tarde comenzó con Chez Kane llevando hasta Villena una descarga de hard rock tan ochentera que en algún momento debió aparecer espontáneamente una cinta VHS dentro del recinto.
Y lo decimos con cariño.
Mucho.
Porque hay propuestas que intentan reinventar constantemente la rueda y otras que entienden perfectamente qué rueda quieren utilizar.
Chez Kane pertenece a las segundas.
Melodías gigantes, actitud, guitarras, estribillos construidos para ser cantados y una vocalista con una presencia suficiente como para conseguir que un concierto programado bajo el sol de Villena parezca una decisión ligeramente menos criminal.
Su actuación recorrió canciones como “Personal Rock ’n’ Roll”, “Too Late For Love”, “Reckless”, “Bad Girl” o “Powerzone”, dejando una impresión bastante sólida entre quienes decidieron comenzar temprano la jornada.
Porque sí.
A las cinco de la tarde también hay conciertos.
Aunque el cuerpo humano diga que eso debería estar prohibido por Naciones Unidas.
Future Palace: el Leyendas también mira hacia delante
Una de las virtudes que está demostrando el Leyendas durante los últimos años es que comienza a abrir las puertas a bandas que quizá no encajarían dentro de aquella concepción mucho más tradicional del festival.
Future Palace es un buen ejemplo.
El trío berlinés liderado por Maria Lessing mezcla post-hardcore, metal moderno, electrónica y unas bases programadas que hacen que, pese a haber únicamente tres músicos físicamente sobre el escenario, el sonido tenga dimensiones bastante mayores.
Su actuación combinó canciones como “Deep Blue”, “Supernova”, “Resurge”, “Tidal Waves”, “Paradise” o “Malphas”, junto a un mensaje explícito contra la transfobia, la homofobia, el racismo y el sexismo.
Y esto también es importante.
Porque un festival que cumple veinte años no puede sobrevivir exclusivamente mirando los veinte anteriores.
También tiene que preguntarse cómo serán los siguientes.
The Baboon Show: ¿quién necesitaba ser fan para disfrutar de esto?
Y entonces llegaron ellos.
The Baboon Show.
Probablemente una de las mayores lecciones que dejó el tercer día del Leyendas.
Porque existe una diferencia enorme entre una banda que necesitas conocer para disfrutar y una banda que simplemente necesita subirse a un escenario.
The Baboon Show pertenece claramente a la segunda categoría.
Puedes conocer todos sus discos.
Puedes conocer cuatro canciones.
Puedes no haberlos escuchado jamás.
Da igual.
Porque a los cinco minutos entiendes perfectamente de qué va aquello.
Va de espectáculo.
Va de punk.
Va de rock.
Va de sudar.
Va de correr.
Va de Cecilia Boström haciendo cualquier cosa excepto permanecer tranquilamente delante de un micrófono.
Varias crónicas de la jornada coincidieron precisamente en situar a los suecos entre las grandes actuaciones del viernes. Boström terminó bajando hacia el público, reclamando circle pits y convirtiendo el escenario Doro Pesch en una fiesta bastante difícil de ignorar.
Y esa es probablemente la mayor virtud de The Baboon Show.
No necesitas ser fan de The Baboon Show para pasártelo bien viendo a The Baboon Show.
Hay bandas a las que acudes para escuchar esa canción que llevas quince años esperando.
Con ellos puedes llegar prácticamente de rebote mientras vas buscando cerveza y terminar quedándote una hora.
Eso es peligrosísimo.
Entre “Be a Baboon”, “Walk the Walk”, “Holiday”, “God Bless You All”, “Oddball”, “Radio Rebelde” o “Me, Myself and I”, todavía encontraron tiempo para lanzarse con “War Pigs” de Black Sabbath, terminando el homenaje con el riff de “Iron Man”.
Porque si estás actuando en el Leyendas y consigues mezclar punk sueco, circle pits y Black Sabbath sin que nadie pregunte qué demonios está pasando…
Probablemente estés haciendo las cosas bastante bien.
The Baboon Show terminó siendo una de esas actuaciones que recuerdan algo fundamental:
un gran concierto no siempre pertenece a la banda más grande del cartel.
Saratoga: aquí no hace falta presentación
Después llegaba uno de esos nombres que forman prácticamente parte del mobiliario emocional del heavy metal español.
Saratoga.
A estas alturas presentar a Saratoga en un festival español sería como presentar la tortilla de patatas.
Sabemos quiénes son.
Sabemos qué hacen.
Y sabemos que, cuando aparecen determinadas canciones, una parte considerable del público se las sabe aunque asegure que “yo tampoco escucho tanto Saratoga”.
Claro.
Seguro.
El grupo volvió a desplegar una formación tremendamente sólida y repasó diferentes etapas de su carrera, incluyendo su nuevo single “Inteligencia artificial”, además de clásicos como “Maldito corazón”, “A toda velocidad” o “Perro traidor”.
Puede que Saratoga ya no tenga que demostrar absolutamente nada.
Pero siguen subiéndose al escenario como si tuvieran que hacerlo.
Y posiblemente ahí esté parte del secreto.
Stratovarius: nostalgia bien entendida
Después tocaba viajar a Finlandia.
Stratovarius planteó para el Leyendas un repertorio especialmente centrado en su etapa clásica, recuperando canciones procedentes de discos fundamentales como Episode, Visions, Destiny e Infinite.
“Destiny”.
“The Kiss of Judas”.
“Black Diamond”.
“Eagleheart”.
“Forever”.
“Speed of Light”.
“Hunting High and Low”.
Vamos.
Una selección completamente diseñada para que más de uno mirara su DNI y se preguntara en qué momento pasó todo tan rápido.
Timo Kotipelto continúa encontrando la manera de adaptar el material a su registro actual sin perder la identidad de las canciones, algo especialmente importante cuando llevas décadas interpretando composiciones que nunca fueron precisamente sencillas.
Fue nostalgia.
Pero nostalgia de la buena.
La que no intenta convencerte de que 1997 sigue existiendo.
La que simplemente te recuerda por qué algunas canciones han conseguido sobrevivir hasta 2026.
In Flames: el gigante que tenía todas las miradas encima
Y finalmente llegó el gran nombre del viernes.
In Flames.
Los suecos regresaban a España después de varios años con una actuación presentada como exclusiva de festival en nuestro país, y el interés se tradujo en una de las mayores concentraciones de público de esta edición.
Había expectativas.
Muchas.
Quizá demasiadas.
Porque existe un curioso problema cuando llevas más de treinta años siendo uno de los grandes nombres de un género:
ya no compites contra las demás bandas.
Compites contra tu propia leyenda.
In Flames arrancó con “Colony” y construyó un repertorio que permitió recorrer prácticamente todas sus etapas: “Deliver Us”, “In the Dark”, “The Quiet Place”, “Meet Your Maker”, “Cloud Connected”, “Artifacts of the Black Rain”, “Trigger”, “Only for the Weak”, “Foregone Pt. 2”, “I Am Above” o “Take This Life”.
Y sobre el escenario hubo espectáculo.
Mucho.
Una producción visual ambiciosa, iluminación diseñada específicamente para cada momento del concierto, grandes pantallas y un Anders Fridén completamente metido en el papel de maestro de ceremonias, reclamando movimiento, mosh pits y crowdsurfing.
Aquí, sin embargo, aparece uno de los debates que ha acompañado a esta edición del Leyendas.
El sonido.
No todas las coberturas coinciden.
Algunos medios hablaron de un sonido nítido y muy potente durante In Flames; otros recogieron problemas de micrófonos y ecualización durante distintos momentos de la jornada.
Y probablemente ambas experiencias puedan ser ciertas.
En un recinto de estas dimensiones, unos cuantos metros pueden separar un concierto que suena perfectamente de otro donde determinados elementos quedan enterrados en la mezcla.
Pero aquí conviene diferenciar dos cosas.
Una cosa es el espectáculo de In Flames.
Y otra cosa es cómo llegue ese espectáculo hasta tus oídos.
Porque sobre las tablas la banda respondió.
Hubo entrega.
Hubo movimiento.
Hubo producción.
Hubo una selección de canciones bastante inteligente.
Y hubo una banda perfectamente consciente de que era el gran nombre de la jornada.
Si alguien salió pensando que In Flames no estuvo a la altura, quizá habría que preguntarse cuánto correspondía realmente a la banda y cuánto a unas condiciones técnicas que durante diferentes momentos del festival han generado opiniones bastante dispares.
Porque In Flames no necesitaba competir con The Baboon Show.
Son dos propuestas completamente diferentes.
The Baboon Show te coge del cuello, te tira dentro de una fiesta y pregunta después.
In Flames construye algo mucho más grande, técnico y medido.
Uno es una pelea de bar.
El otro es una invasión sueca perfectamente organizada.
Y sinceramente…
hay espacio para ambas.
Saurom: cuando el escenario ya no es suficientemente grande
Después de In Flames todavía quedaba una de las mayores producciones del viernes.
Saurom.
Y aquí la filosofía parece bastante sencilla:
¿Tenemos músicos?
Sí.
¿Invitados?
También.
¿Coro?
Por supuesto.
¿Actores?
Venga.
¿Malabaristas?
Mételos.
¿Fuego?
Más.
¿Confeti?
TODO.
El espectáculo contó con una larga lista de invitados y colaboradores, entre ellos Isra Ramos, Jorge Berceo y Elizabeth Amoedo, además de coro, telas aéreas, performances, pirotecnia y elementos teatrales.
Canciones como “El Principito”, “Nostradamus”, “La leyenda de Gambrinus”, “El Lazarillo de Tormes”, “El carnaval del Diablo”, “El círculo juglar” o “La taberna” terminaron convirtiendo el escenario en algo más parecido a una representación fantástica que a un concierto convencional.
Y Saurom tiene una ventaja enorme en Villena.
Juega en casa sin ser de Villena.
La conexión entre grupo, festival y seguidores lleva años construyéndose, y se nota.
Hay bandas que vienen al Leyendas.
Saurom parece volver al Leyendas.
No es exactamente lo mismo.
Y todavía quedaba Dark Moor…
Porque alguien decidió que después de tres días de festival todavía era razonable programar música hasta las tres de la mañana.
Dark Moor tuvo la responsabilidad de cerrar los escenarios principales desde las 01:50 y lo hizo con una formación vocal especial tras la ausencia de Alfred Romero, contando con Mariana Otero, José Garrido y Chema Sales.
Entre clásicos propios apareció incluso una versión metalizada del tema principal de Juego de Tronos, antes de cerrar recurriendo a uno de sus imprescindibles: “La canción del pirata”.
A esas horas ya no eres público.
Eres superviviente.
Si a las 02:45 todavía puedes levantar el brazo cuando alguien grita “¡con diez cañones por banda!”, enhorabuena.
Has completado una misión secundaria muy difícil.
Día 3: a veces el nombre pequeño hace el ruido más grande
El viernes del Leyendas del Rock 2026 tenía todos los ingredientes necesarios para ser el día de In Flames.
Y en muchos sentidos lo fue.
Los suecos ofrecieron una producción enorme, un repertorio diseñado para recorrer décadas de historia y demostraron por qué siguen siendo uno de los grandes referentes del death metal melódico.
Pero los festivales tienen una curiosa costumbre.
No siempre recuerdas únicamente aquello que habías ido a buscar.
A veces recuerdas lo que te encontró a ti.
Y entre un cartel cargado de leyendas, clásicos, producciones gigantescas y nombres capaces de llenar recintos…
apareció una banda de punk rock.
Sin necesidad de ser la más pesada.
Sin necesidad del montaje más espectacular.
Sin necesidad de que absolutamente todo el público conociera sus canciones.
Solo necesitó un escenario, instrumentos y a Cecilia Boström comportándose como si permanecer quieta durante cinco segundos pudiera provocarle algún tipo de reacción alérgica.
The Baboon Show recordó al Leyendas algo tremendamente sencillo:
antes que heavy, death, power, core, folk o punk, esto sigue siendo rock.
Y el rock, cuando funciona, no necesita pedirte el carnet de fan antes de hacerte disfrutar.
Quizá por eso, mientras In Flames fue uno de los grandes espectáculos del viernes…
The Baboon Show terminó siendo una de sus mejores historias.

